-Un día de un mes en alguna fecha: Me enamoré de algo que no conocía
Se cayó del cielo un ángel y sentí que era mi obligación hacerlo volar de nuevo, derepente me empecé a enamorar de cada detalle, nunca había tenido noción de que era convivir con alguien que estaba fuera de este mundo, alguien que sabía como hacer sentir paz, pero no quería que se fuera, por lo menos no tan rápido, aún me sentía protegido por sus alas, aún no tenía que despegar, yo nunca he vivido en el cielo y seguramente vivo más pegado al infierno, pero sé que el cielo no es sólo las nubes que pintan y esos pájaros que cantan, no te niego que cuando te vi volando, esas alas me produjeron felicidad, al ver que cogías vuelo, pero sentía que no era hora, pero eso es cierto, las cosas pasan cuando uno menos se las imagina, el día no tiene que estar obscuro para que empiece a llover y con esa idea, preferí dejarte ir.
Otro día de un mes de alguna fecha: ¿Es mi obligación dejarlo caer?
Pasaron varios y entonces pensé que todo estaba bien, yo tenía igual dentro de mí, ese miedo, ese sentimiento de no saber hacer las cosas bien, pero cada día a las ocho de la mañana veía el cielo y veía que aún amanecía y si amanecía no era por mí, derepente te escuché llorar y cuando quise ir, tu no estabas o no me dejabas verte, no sé que era, y te seguí buscando, y aunque muchas veces todos dijeron que era malo adoptar de cierta manera un ángel, sabía que todo iba a estar bien, pero cuando vi que te faltaban plumas quise recogerlas y me las quitaste con la mano y me indicaste donde era el sitio de partida, pero igual ese indeleble sentimiento me obligó a estar contigo, pero entonces me di cuenta que me había enamorado de algo que no conocía.
Otro tercer día de un mes de alguna fecha: el cielo y el infierno fueron siempre parte del otro…
…Mientras cada día pasaba, yo me sentía un poco más conforme, creo, pero no podía reclamarle a Dios el tiempo, el tiempo que había invertido había sido el mejor de mi vida, obvio, viví cosas que con alguien humano no hubiera podido, me contó cosas del paraíso y como buen escritor debería contarlas, pero como buen enamorado no las diré, y entonces vi tantos demonios en la tierra, que no era tan chévere, y vi como si dejaste que un demonio te recogiera las plumas y abrumado tuve que aceptar, aunque sabía que no era una buena opción, nunca fui un buen creyente pero entonces sentí la necesidad de hablar con Dios, nadie más entendería los problemas de un ángel si están vivos, vivos en carne y vivos en huesos, pero Dios no quiso responderme, tal vez no era a quien debía recorrer y entonces el diablo me dijo que ese demonio lo haría feliz, pero entonces ¿qué paradójica es la vida no?, entonces por que los perros no pudieron ser felices con los gatos, bueno no sé ésta vez no me tocó ni ser el perro, ni el gato, sólo otro mamífero espectador.
Se cayó del cielo un ángel y sentí que era mi obligación hacerlo volar de nuevo, derepente me empecé a enamorar de cada detalle, nunca había tenido noción de que era convivir con alguien que estaba fuera de este mundo, alguien que sabía como hacer sentir paz, pero no quería que se fuera, por lo menos no tan rápido, aún me sentía protegido por sus alas, aún no tenía que despegar, yo nunca he vivido en el cielo y seguramente vivo más pegado al infierno, pero sé que el cielo no es sólo las nubes que pintan y esos pájaros que cantan, no te niego que cuando te vi volando, esas alas me produjeron felicidad, al ver que cogías vuelo, pero sentía que no era hora, pero eso es cierto, las cosas pasan cuando uno menos se las imagina, el día no tiene que estar obscuro para que empiece a llover y con esa idea, preferí dejarte ir.
Otro día de un mes de alguna fecha: ¿Es mi obligación dejarlo caer?
Pasaron varios y entonces pensé que todo estaba bien, yo tenía igual dentro de mí, ese miedo, ese sentimiento de no saber hacer las cosas bien, pero cada día a las ocho de la mañana veía el cielo y veía que aún amanecía y si amanecía no era por mí, derepente te escuché llorar y cuando quise ir, tu no estabas o no me dejabas verte, no sé que era, y te seguí buscando, y aunque muchas veces todos dijeron que era malo adoptar de cierta manera un ángel, sabía que todo iba a estar bien, pero cuando vi que te faltaban plumas quise recogerlas y me las quitaste con la mano y me indicaste donde era el sitio de partida, pero igual ese indeleble sentimiento me obligó a estar contigo, pero entonces me di cuenta que me había enamorado de algo que no conocía.
Otro tercer día de un mes de alguna fecha: el cielo y el infierno fueron siempre parte del otro…
…Mientras cada día pasaba, yo me sentía un poco más conforme, creo, pero no podía reclamarle a Dios el tiempo, el tiempo que había invertido había sido el mejor de mi vida, obvio, viví cosas que con alguien humano no hubiera podido, me contó cosas del paraíso y como buen escritor debería contarlas, pero como buen enamorado no las diré, y entonces vi tantos demonios en la tierra, que no era tan chévere, y vi como si dejaste que un demonio te recogiera las plumas y abrumado tuve que aceptar, aunque sabía que no era una buena opción, nunca fui un buen creyente pero entonces sentí la necesidad de hablar con Dios, nadie más entendería los problemas de un ángel si están vivos, vivos en carne y vivos en huesos, pero Dios no quiso responderme, tal vez no era a quien debía recorrer y entonces el diablo me dijo que ese demonio lo haría feliz, pero entonces ¿qué paradójica es la vida no?, entonces por que los perros no pudieron ser felices con los gatos, bueno no sé ésta vez no me tocó ni ser el perro, ni el gato, sólo otro mamífero espectador.
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